Joaquin Sorolla

Etapa de formación (1876-1888)

Algunos puntos clave para entenderlo bien:


Etapa de consolidación (1889-1899)



La luz mediterránea es el elemento principal: se refleja en los blancos de las velas, creando una atmósfera luminosa y serena. La composición horizontal y las grandes telas ordenan la escena y aportan profundidad.

La obra combina realismo social con el luminismo característico de Sorolla, anticipando su estilo más conocido y consolidándolo como pintor de la vida y la luz del Mediterráneo.



Etapa de culminación (1900-1910)


El bote blanco. Sorolla ante el reto de plasmar el agua transparente con sus reflejos y matices. (105 x 150 cm.)




Etapa final (1911-1920)

Sus obras, en su mayoría costumbristas y con protagonismo del Mediterráneo destacan por una enorme libertad de pincelada y la presencia imprescindible de la luz.

Cultiva también el retrato (Ramón & Cajal, Galdós, Machado, Blasco Ibañez, Alfonso XIII…). Todo el mundo a principios del siglo XX quería (y con razón) un retrato de Sorolla.

Tras sus exposiciones en 1909 y 1911, Sorolla arrasaba en los Estados Unidos. Su arte era admirado y muy visitado.

En mayo de 1911, Sorolla fue a casa del magnate e hizo varias sesiones. Decidió ambientar la escena en los exuberantes jardines de la finca. La luz es tremenda, como podemos observar. Tiffany viste de blanco (aunque ya sabemos que en Sorolla no existe el blanco puro) y tiene en sus manos un pincel y una paleta. Es como un retrato «de un artista a otro». (150 x 225 cm.)




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Ver vídeo: Editado por CuriosiArte «El pintor que hizo brillar el sol»

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