Velázquez… pintor barroco
año 1959
La colección de sellos de Velázquez no es solo un conjunto filatélico, sino un documento histórico que combina:
- Arte barroco español
- Propaganda cultural del siglo XX
- Difusión masiva del patrimonio artístico
En este año, España vivía una etapa de fuerte utilización de la cultura como instrumento de proyección internacional. Dentro de esa política cultural, se recurrió a figuras emblemáticas del arte nacional como Diego Velázquez, uno de los grandes pintores del Siglo de Oro.
Tiraje: 3.000.000










15 c. Los borrachos – 40 c.Las hilanderas – 50 c. La rendición de Breda – 60 c. Las Meninas – 70 c. El príncipe Baltasar Carlos – 80 c. Autorretrato – 1 p. Coronación de la Virgen – 1,80 p. Osopo – 2 p. La fragua de Vulcano – 3 p. Menipo.
Velázquez y su obra
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Sevilla, junio de 1599 – Madrid, agosto de 1660), conocido como Diego Velázquez, fue un pintor barroco español considerado uno de los máximos exponentes de la pintura española y maestro de la pintura universal.

Sus padres fueron Juan Rodríguez de Silva, nacido en Sevilla, aunque de origen portugués (sus abuelos paternos, se habían establecido en Sevilla procedentes de Oporto), y Jerónima Velázquez, sevillana de nacimiento. Velázquez, adoptó el apellido de su madre según la costumbre extendida en Andalucía.
Aprendizaje
La Sevilla en que se formó el pintor era la ciudad más rica y poblada de España, así como la más cosmopolita y abierta del Imperio. Disponía del monopolio del comercio con América. El talento de Velázquez afloró a edad muy temprana. Recién cumplidos los diez años, comenzó su formación:
Primero con Francisco Herrera el Viejo, aunque su relación fue breve. Luego ingresó en el taller de Francisco Pacheco, quien fue su maestro más importante.
Vieja friendo huevos es un cuadro de juventud de Velázquez, pintado en Sevilla en 1618 (19 años), solo un año después de su examen como pintor. Se encuentra en la Galería Nacional de Escocia, Edimburgo. (Óleo sobre lienzo 100,5 x 119,5 cm.)

La escena se desarrolla en el interior de una cocina poco profunda, iluminada con fuertes contrastes de luz y sombra… Objetos sobre el fondo oscuro de la paret… Una anciana con toca blanca cocina en un anafe un hornillo un par de huevos, flotando en líquido dentro de una cazuela de barro… Con una cuchara de madera en la mano derecha y un huevo que se dispone a cascar contra el borde de la cazuela en la mano izquierda…
La anciana suspende la acción y alza la cabeza ante la llegada de un muchacho que avanza con un melón de invierno bajo el brazo y un frasco de cristal… Delante de la mujer y en primer término se disponen una serie de objetos vistos: una jarra de loza vidriada blanca junto a otra vidriada verde, un almirez, un plato de loza hondo con un cuchillo, una cebolla y unas guindillas. Apoyado en el anafe brilla un caldero de bronce…
Sus comienzos como pintor
Terminado el periodo de aprendizaje, Velázquez aprobó ante Juan de Uceda y Francisco Pacheco el examen que le permitía incorporarse al gremio de pintores de Sevilla. Recibió licencia para ejercer como «maestro de imaginería y al óleo», pudiendo practicar su arte en todo el reino, tener tienda pública y contratar aprendices.
Velázquez antes de cumplir los 19 años, se casó en Sevilla con Juana Pacheco, hija de Francisco Pacheco, que tenía 15 años. En Sevilla nacieron sus dos hijas: Francisca, e Ignacia. Era frecuente entre los pintores de Sevilla de su época unirse por vínculos de parentesco, formando así una red de intereses que facilitaba trabajos y encargos.
La clientela sevillana, mayoritariamente eclesiástica, demandaba temas religiosos, cuadros de devoción y retratos, por lo que también la producción del pintor en este tiempo se volcó en los encargos religiosos, como la Inmaculada Concepción de la National Gallery de Londres y su pareja, el San Juan en Patmos,
Reconocimiento en la corte
Velázquez llegó a Madrid en 1623 y pronto fue nombrado pintor del rey, lo que le permitió acceder a la familia real y a los círculos más influyentes de la corte. Su cercanía con Felipe IV no solo le aseguró prestigio, sino también estabilidad económica y libertad artística.
En la corte, Velázquez se encargó principalmente de realizar retratos oficiales del rey, la familia real y la nobleza, destacando por su realismo, profundidad psicológica y dominio de la luz. Además, su talento fue reconocido con cargos importantes, como el de aposentador real. Este reconocimiento culminó con su ingreso en la Orden de Santiago, un honor reservado a la nobleza.
Entre las obras conservadas de este periodo destaca especialmente El triunfo de Baco, popularmente conocido como «Los borrachos«, su primera composición mitológica, por la que en julio de 1629 cobró 100 ducados de la casa del rey.

Este sello de la serie buscaba difundir el patrimonio artístico nacional, utilizando obras maestras del Museo del Prado como motivo principal.
El cuadro lo pintó unos cinco años después de su llegada a Madrid procedente de Sevilla, y poco antes de su primer viaje a Italia. (Óleo sobre lienzo 165 x 225 cm. Museo del Prado).

El cuadro describe una escena donde aparece el dios Baco que corona con hojas de hiedra, a uno de los ocho borrachos que lo rodean; podría tratarse de un poeta inspirado por el vino.
Otro personaje casi mitológico observa la coronación. Uno de los personajes que acompañan al dios miran al espectador mientras sonríen.
En ella se representa a Baco como el dios que premia o regala a los hombres el vino que los libera temporalmente de sus problemas. En la mitología griega, Dioniso, también conocido entre griegos y romanos como Baco, es uno de los dioses olímpicos.
Ver vídeo: «Los borrachos»
Primer viaje a Italia
Rubens y Velazquez ya habían colaborado en varias ocasiones, y seguramente influido por él, Velázquez solicitó licencia al rey para viajar a Italia a completar sus estudios.
Este viaje a Italia representó un cambio decisivo en su pintura. Muchos artistas de toda Europa viajaban a Italia, un anhelo compartido también por Velázquez.
Además, Velázquez era el pintor del rey de España, y por ello se le abrieron todas las puertas, pudiendo contemplar obras que solo estaban al alcance de los más privilegiados.
La asimilación del arte italiano en el estilo de Velázquez se comprueba en La fragua de Vulcano lienzo pintado en este momento por iniciativa propia sin encargo de por medio. (Óleo sobre lienzo 223 x 290cm. Museo del Prado)

Este sello de la colección… representa al dios Vulcano en su fragua y recibiendo la visita del dios Apolo, que fue a comunicarle que Venus, la esposa de Vulcano, tenía una relación amorosa con Marte.
Composición: La escena está organizada de forma muy clara y equilibrada:
- Grupo principal: Aparece Vulcano en el centro, rodeado de varios ayudantes (ciclopes), todos semidesnudos, trabajando en la fragua.
- Entrada de Apolo: A la izquierda irrumpe Apolo, envuelto en una luz más intensa y con una corona de laurel.
- Distribución espacial: Las figuras forman una especie de semicírculo que dirige la mirada hacia el gesto de sorpresa de Vulcano.
- Luz y color: La iluminación es clave: Apolo trae una luz casi divina que ilumina la escena, mientras que el resto está dominado por tonos cálidos y realistas.
- Naturalismo: Velázquez combina la mitología con un tratamiento muy realista, como si la escena ocurriera en un taller cotidiano del siglo XVII.

Tema: Procede de la mitología clásica:
- Representa el momento en que Apolo informa a Vulcano de la infidelidad de su esposa, Venus, con Marte.
- La escena capta el instante de sorpresa y tensión emocional, visible en las expresiones de Vulcano y sus ayudantes.
Análisis: Los mundos celeste y subterráneo, representados por Apolo y Vulcano, se manifiestan de forma diferente también en el estudio de sus cuerpos desnudos.
El rubio Apolo, coronado de laurel como dios de la poesía, exhibe un desnudo adolescente, de formas delicadas y carnes blancas, en apariencia frágil pero duro como un mármol antiguo.
Los cuerpos de Vulcano y los cíclopes, trabajadores curtidos por el esfuerzo lo que se refleja en las carnes apretadas y los músculos tensos, aunque detenidos, observando atónitos al dios solar.
Ver vídeo: «La fragua de Vulcano»
La asimilación del arte italiano en el estilo de Velázquez se comprueba también en La túnica de José, lienzos pintados en este momento por iniciativa propia sin encargo de por medio. (Óleo sobre lienzo 223 cm x 250 cm. Monasterio del escorial)
La escena proviene del relato bíblico del Génesis: los hermanos de José muestran a su padre, Jacob, la túnica manchada de sangre para hacerle creer que ha muerto. Velázquez no pinta el momento violento, sino el instante psicológico posterior: el engaño.

Tema: La referencia está en el Antiguo Testamento, cuando los hijos de Jacob se presentan delante de su padre para comentarle que su hijo favorito, José, ha muerto debido al ataque de unos lobos.
Los hermanos de José, un poco cansados de los sueños poderosos que continuamente tenía su hermano, decidieron venderlo a unos comerciantes egipcios para quitárselo de en medio, enseñan a su padre, las ropas de José, que poco antes habían manchado con la sangre de un cordero, para dar veracidad a la situación.
- Jacob, a la derecha, reacciona con dolor contenido.
- Los hermanos presentan la túnica y sostienen la mentira.
- El perro, introducido en el cuadro por Velázquez, ladra a los sospechosos de la mentira, quizás dándose cuenta del engaño.
La composición: El espacio es profundo, con arquitectura clásica que recuerda su estancia en Italia.
En Roma pintó también dos pequeños paisajes en el jardín de la Villa Médici: La entrada a la gruta y El Pabellón de Cleopatra-Ariadna,
Permaneció en Roma hasta el otoño de 1630, y regresó a Madrid pasando por Nápoles, donde hizo el retrato de la reina de Hungría (Museo del Prado).
Regreso a Madrid
Concluido su primer viaje a Italia, estaba en posesión de una técnica extraordinaria. Con 32 años inició su periodo de madurez.
En Italia había completado su proceso formativo estudiando las obras maestras del Renacimiento y su educación pictórica era la más amplia que un pintor español había recibido hasta la fecha.
Velázquez realizó entre 1634 y 1635 una serie de cinco retratos y uno de ellos, La rendición de Breda, el llamado también «Las lanzas«. Mostrando las victorias recientes de las tropas españolas.

Este sello, es una pieza donde convergen arte, historia, política y diseño gráfico, representando perfectamente el papel de la filatelia como vehículo cultural en el siglo XX.
La obra representa el momento en que Justino de Nassau rindió la ciudad de Breda, en 1625, a las tropas españolas al mando del general Ambrosio Spínola (Óleo sobre lienzo 307 cm x 367 cm. Museo del Prado).
Velázquez desarrolla el tema sin vanagloria ni sangre. Los dos protagonistas están en el centro de la escena y más parecen dialogar como amigos que como enemigos.
Justino de Nassau aparece con las llaves de Breda en la mano y hace ademán de arrodillarse, lo cual es impedido por su contrincante Ambrosio Spinola, que pone una mano sobre su hombro y le impide humillarse.

Composición: Velázquez organiza la escena de manera muy equilibrada:
- Centro: el momento clave del intercambio de llaves, que simboliza la rendición.
- Izquierda: el ejército derrotado, y con actitud de resignación.
- Derecha: las tropas españolas, destacando las lanzas verticales (de ahí el sobrenombre del cuadro).
- Fondo: un paisaje luminoso que contrasta con la tensión del primer plano.
Mensaje y significado: A diferencia de otras pinturas de batallas, Velázquez evita el dramatismo violento. El gesto de Spinola, que inclina ligeramente el cuerpo hacia Nassau, transmite:
- Respeto hacia el vencido
- Humanización del conflicto
- Nobleza y dignidad militar
Hacia 1634, y con destino también al Palacio del Buen Retiro, Velázquez habría realizado un grupo de retratos de bufones y «hombres de placer» de la corte.
El cuadro «El bufón de Calabacillas« es una de las obras más complejas y humanas de Diego Velázquez, pintada hacia 1637–1639 durante su etapa como pintor de la corte de Felipe IV.
Contexto y personaje: El retratado es un bufón de la corte, conocido como “Calabacillas”. Los bufones en la corte española del siglo XVII no solo entretenían: también eran figuras marginales, a menudo con discapacidades físicas o mentales, toleradas dentro del entorno aristocrático.
Composición y postura: El personaje aparece sentado en el suelo, en una postura encorvada. Sus manos juegan con unas calabazas o cascabeles, de donde viene su apodo.
Velázquez, lo humaniza profundamente. No es un objeto de burla, sino un individuo vulnerable.

- La figura ocupa casi todo el espacio → sensación de cercanía e incomodidad.
- No hay fondo narrativo claro → el entorno es neutro, casi vacío.
- La postura transmite fragilidad y aislamiento.
Expresión y psicología: Aquí está uno de los aspectos más impactantes:
- La mirada es difusa, casi perdida.
- El rostro no busca agradar ni representar poder.
- Hay una sensación de desconexión o trastorno mental.
Velázquez ocupó en 1643 el puesto de ayuda de cámara, que suponía el máximo reconocimiento de los favores reales, dado que era una de las personas más próximas al monarca.
Velázquez llegó a Málaga a principios de diciembre de 1648, desde donde embarcaría con una pequeña flota el 21 de enero de 1649 en dirección a Génova, permaneciendo en Italia hasta mediados de 1651, con el fin de adquirir pinturas y esculturas antiguas para el rey.
Segundo viaje a Italia
Otra vez realizó un recorrido por los principales estados italianos en dos etapas: la primera le llevó hasta Venecia, donde adquirió obras de Veronés y Tintoretto para el monarca español; la segunda, tras instalarse en Roma, a Nápoles, donde se reencontró con Ribera e hizo provisión de fondos antes de retornar a la Ciudad Eterna.
El retrato más importante que pintó en Roma fue el del papa Inocencio X. Gombrich considera que Velázquez debió sentir el gran reto de tener que pintar al papa, y sería consciente al contemplar los retratos que Tiziano y Rafael realizaron a anteriores papas, considerados obras maestras, que sería recordado y comparado con estos maestros.

Una de las virtudes de Velázquez es que era capaz de penetrar psicológicamente en el personaje para mostrarnos aquellos aspectos ocultos de su personalidad.
La expresión del papa es tensa, con el ceño fruncido; totalmente opuesta a los retratos papales realizados por Rafael y Carlo Maratta, que oscilan entre expresiones más o menos introspectivas y afables sin llegar al semblante casi agresivo de Inocencio X.
Técnicamente, el retrato es elogiado por su arriesgada gama de color, de rojo sobre rojo: sobre un cortinaje rojo, resalta el sillón rojo, y sobre este el ropaje del papa. Esta superposición de rojos no consigue aplastar el vigor del rostro. Velázquez no idealiza el cutis del papa dándole un tono nacarado, sino que lo representa rojizo y con una barba desmañada, más de acuerdo con la realidad.
El tema del tocador de Venus había sido tratado anteriormente por dos de los maestros que más influencia tuvieron en la pintura velazqueña: Tiziano y Rubens, pero por sus implicaciones eróticas creaba serias reticencias en España.
Recordar que Pacheco aconsejaba a los pintores que se viesen obligados a pintar un desnudo femenino utilizar a mujeres honestas como modelos para cabeza y manos, imitando lo demás de estatuas o grabados.
La Venus de Velázquez (1650) aporta al género una nueva variante: la diosa se encuentra tendida de espaldas y muestra su rostro al espectador reflejado en el espejo.

Composición y elementos claves:
- Postura de Venus: Aparece de espaldas, lo que introduce una sensualidad más sugerida que explícita. No vemos directamente su cuerpo frontal, lo que añade misterio.
- El espejo: Refleja el rostro de Venus, pero de manera difusa. No es un reflejo nítido ni realista.
- Cupido: Sostiene el espejo, pero aparece casi secundario, sin protagonismo emocional.
- Líneas y formas: Predominan curvas suaves que guían la mirada a lo largo del cuerpo.
El reducido cromatismo del cuadro, limitado a un rojo brillante, un cálido marrón, un suave azul y un blanco, hace resaltar el cuerpo de Venus, que domina sobre lo demás, y que en realidad está pintado por mezcla de esos cuatro colores. Venus aparece en una postura sensual y a la vez pudorosa.
- Pertenece al Barroco, pero con rasgos muy personales.
- Influencias italianas (como Tiziano), especialmente en el tratamiento del desnudo.
- En España, el desnudo era raro por la presión de la Inquisición, lo que hace esta obra excepcional.
Velazquez en junio de 1651 regresó a Madrid con numerosas obras de arte. Poco después, Felipe IV lo nombró Aposentador Real, añadiendo fuertes ingresos que se sumaron a los que ya recibía como pintor, ayuda de cámara, superintendente. Aparte recibía las cantidades estipuladas por los cuadros que realizaba.
Sus cargos administrativos le absorbieron cada vez más, que le quitaron gran cantidad de tiempo para desarrollar su labor pictórica. Aun así, a este periodo corresponden algunos de sus mejores retratos y sus obras magistrales Las meninas y Las hilanderas.
En el final de su vida pintó sus dos composiciones más grandes y complejas, sus obras La fábula de Aracné (1658), conocida popularmente como «Las hilanderas«, y el más celebrado y famoso de todos sus cuadros, La familia de Felipe IV o Las meninas (1656).
En ellos vemos su estilo último, donde parece representar la escena mediante una visión fugaz. Empleó pinceladas atrevidas que de cerca parecen inconexas, pero contempladas a distancia adquieren todo su sentido, anticipándose a la pintura de Manet y a los impresionistas del siglo XIX, en los que tanto influyó su estilo.

Este sello de «Las hilanderas» reproduce el cuadro: Mujeres trabajando en un taller textil (escena cotidiana). En conjunto, no es solo un objeto postal, sino un vehículo de difusión artística, donde la miniatura del arte conserva la esencia del barroco velazqueño.
En primer plano se ve una sala con cinco mujeres (hilanderas) que preparan las lanas. La mujer de la derecha que viste blusa blanca es «una clara transposición» de una de las figuras de la Bóveda de la Capilla Sixtina.

Una joven lidia, Aracne, tejía tan bien que las gentes de su ciudad comenzaron a comentar que tejía mejor que la diosa Atenea, inventora de la rueca.
La escena del primer término retrataría a la joven a la derecha, vuelta de espaldas, trabajando afanosamente en su tapiz. A la izquierda, la diosa Atenea finge ser una anciana, con falsas canas en las sienes.
Hoy se admite que el cuadro trata un tema mitológico: que se describe en el libro sexto de Las metamorfosis de Ovidio.
Al fondo, se representa el desenlace de la fábula. Frente al tapiz, se aprecian dos figuras. Son la diosa, ataviada con sus atributos (como el casco), y ante ella la humana rebelde, que viste un atuendo de plegados clásicos.
Están colocadas de tal manera que parecen formar parte del tapiz. Otras tres damas contemplan cómo la ofendida diosa, en señal de castigo, va a transformar a la joven Aracne en araña, condenada a tejer eternamente.
Ver vídeo: «Las hilanderas»

El sello de «Las meninas,» no es solo una reproducción artística en miniatura, sino un objeto cargado de significado cultural, político y educativo. Representa cómo el arte puede ser utilizado en un formatos tan pequeño como es un sello postal.
Óleo sobre lienzo tamaño 320,5 cm x 281,5 cm. (Museo del Prado)
Las meninas o La familia de Felipe IV se considera la obra maestra del pintor del Siglo de Oro español Diego Velázquez. Acabado en 1656. Es una pintura realizada al óleo sobre un lienzo de grandes dimensiones, donde las figuras situadas en primer plano se representan a tamaño natural. Es una de las obras pictóricas más analizadas y comentadas en el mundo del arte.

El tema central es el retrato de la infanta Margarita Teresa de Austria, colocada en primer plano, rodeada por sus sirvientes, «las meninas», aunque la pintura representa también otros personajes. En el lado izquierdo se observa parte de un gran lienzo, y detrás de este el propio Velázquez se autorretrata trabajando en él.
Ver vídeo: «Las Meninas» Museo del Prado
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